Monday, March 19, 2012

Delfines contra Axolotes: acuario en Xochimilco

Nota: Este escrito también está publicado en la revista electrónica: Transeunte la Recomiendo si se quieren enterar de los Problemas de la Ciudad de México y las ideas que la gente tiene para solucionarlos. 

Entrenamiento delfines Foto: Jhocy

Siempre hemos visto a los delfines como animales con cerebros capaces de contar con pensamientos complicados, muy cercanos al cerebro de los humanos. Esta apreciación no nos quita el deseo de encerrarlos en grandes albercas para disfrutar de ellos. No nos importa si sufren o lo que piensan con sus sofisticadas mentes, nos gusta verlos hacer piruetas a cambio de un pescadito de premio.

Así nos gusta la naturaleza: controlada, encerrada.

La idea no es nueva comenzó en el siglo XVII, pero se reforzó en la época victoriana, dos siglos después. La naturaleza incontrolable daba miedo. Las grandes montañas o las playas eran sólo para los locos exploradores o viajeros en desgracia como Robinson Crusoe. La selva se veía como una tierra desorganizada donde cada planta crece sin orden, algo muy diferente a los jardines del Belvedere en Viena donde el pasto está meticulosamente cortado y está rodeado por plantas domesticadas que, con la poda, forman figuras perfectas.
Belvedere Foto: adriatictours.com

Sin embargo, desde el silgo XIX esa visión de una naturaleza aséptica y controlada se ha ido perdiendo, ahora se aprecia mucho más una naturaleza que por incontrolable es bella. Esta nueva visión trae consigo grandes ventajas, porque se piensa en la naturaleza como aliada, en lugar de una fuerza sometida que en cualquier momento se nos escapa.
Pero basados en el trato que le damos al ecosistema de la Ciudad de México, es claro que aquí seguimos en la visión victoriana de la naturaleza. Una de las pruebas de ello es nuestra relación con el axolote. No nos gusta mucho porque es un animal indómito, capaz de romper con todas las reglas de la biología.

Axolote foto: Carmen Loyola
Para empezar, el axolote hace dos cosas que prácticamente ningún animal puede hacer: puede regenerar sus extremidades y reproducirse en estado juvenil. Tiene el descaro de tener las branquias por fuera de su cuerpo. Sí, ese órgano tan importante que sirve para respirar, lo tienen expuesto a las aguas contaminadas y aún así sobreviven. . Otros animales con branquias como los peces las cubren con una tapa llamada opérculo.
Dios Xolotl
Las culturas precolombinas apreciaban el desafío que el axolote le ha impuesto a la evolución. Les gustaba este salvajismo natural e incontrolable que este animal tiene adherido a sus células. Lo consideraban un dios y además lo tenían de aliado para hacer rituales, enfrentar enfermedades y cubrir parte de su alimentación.

Pero nuestra visión actual -herencia del siglo XVIII- sobre el axolote es otra. Por ser raro y romper las reglas se estigmatiza al axolote con las características indeseables del mexicano. Jorge Castañeda, ex secretario de Relaciones Exteriores, por ejemplo, nos quiere alejados de los axolotes y propone que los mexicanos seamos como las ballenas. Juan Pardinas -un editorialista del Reforma- considera poco afortunado que este animal sea uno de los íconos para atraer turistas en el extranjero, por ser un renacuajo –lo cual no es- que vive en aguas lodosas -léase Xochimilco-.
Nuestro gusto por los delfines en delfinarios simboliza esta naturaleza encerrada. Pero el que ha visto la fuerza de una manada de delfines en el mar sabrá que la verdadera belleza de estos animales, no se puede mostrar haciendo payasadas.
Delfines en mar foto virginmedia
La visión victoriana de la naturaleza es lo único que me permite explicar cómo es posible que la gente considere que un acuario construido sobre las chinampas es una buena idea para detener el deterioro de Xochimilco. Además, no cualquier acuario, sino el más grande de Latinoamérica. La idea comenzó, como muchas, con la ocurrencia de un político, en este caso del Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, que en su campaña propuso un acuario para el DF. El lugar ideal para el acuario es Xochimilco, ya que las constructoras perciben la zona como lote baldío. Así, el primer intento de proyecto se llamó “Xochimilco Florido”: un resort con campo de golf y, obviamente, el acuario. Investigadores de la UNAM hicimos un estudio multidisciplinario y llegamos a la conclusión de que no era viable. No les importó.
Un par de años después el grupo del arquitecto Enrique Norten comenzó a promover de nuevo el acuario, como se menciona en esta nota de CNN. Adjunto a este proyecto se sigue promoviendo la restauración de Xochimilco con campos de golf y pisos de cristal para ver el fondo de los canales, al más puro estilo Acapulco. Quizá, los que promueven estos proyectos todavía piensen que la sustentabilidad se basa en techos con palmeras. Pero no entienden que la pieza fundamental de las sustentabilidad es el respeto a los ecosistemas.


Para mi, este proyecto entra en la lista de los megaproyectos inútiles que además son antiecológicos. Como el de la “pista de hielo más grande del mundo” en el Zócalo. Sólo pensemos en cuántos refrigeradores abiertos se necesitan para hacer hielo el piso del Zócalo de la Ciudad de México a pleno sol y con 20 grados. La pista también aspira por el título de “pista de hielo con la huella ecológica más alta del mundo”.
Como la pista de hielo, este acuario podría tener la huella ecológica más alta del mundo. Es lógico pensar que por la temperatura, las pistas de hielo estén en países con temperaturas bajo cero. Así de lógico es pensar que, por la cantidad de agua que necesitan diario, los acuarios se encuentren cercanos a las costas y no a dos mil doscientos metros sobre el nivel del mar, en una ciudad que tiene problemas de agua.
Haciendo una valoración con base en los planos arquitectónicos, este acuario necesitaría agua diaria equivalente a 40 mil familias de la capital. También generaría urbanización en la zona chinampera, lo que reduciría la infiltración del agua, y aceleraría el hundimiento de la zona, sin mencionar el aumento de temperatura de la ciudad al perder el humedal.
Todo sea por ver brincar a los delfines y admirar peces tropicales; por hacernos la ilusión de que podemos controlar a la naturaleza. Es evidente que Xochimilco está deteriorado y se tiene que hacer algo para restaurarlo. Pero en lugar de pensar en mega-desarrollos ajenos a la naturaleza hay que volverla nuestra aliada.
La vocación de la tierra de Xochimilco es la chinampería. Así lo entendieron los Aztecas y trabajaron con el humedal y su biodiversidad. La alianza les redundó en asegurar alimentación puesto que el humedal se fertilizaba año con año gracias a los sedimentos que llegaban en la época de lluvias. Sin la presión de buscar comida, se podían sentar a pensar en hacer cultura y volverse una de las civilizaciones más poderosas de América. Xochimilco es la razón por la cual la Ciudad de México está aquí.
Chinampa con Popo atras Foto: Homan

De ahí que la cultura chinampera sea tan importante como las pirámides de Teotihuacán o el calendario Azteca para el mexicano. Pero a diferencia de nuestro respeto por estas obras de arte precolombinas, creemos que un acuario rescatará Xochimilco. La idea de este acuario  es equivalente a pensar que el deterioro de la Pirámide del Sol se soluciona concesionándola para que Burger King la utilice de sucursal.
Tenemos una disyuntiva. Construir un bello acuario con delfines, encerrando a la naturaleza para que haga peripecias para nosotros, o rescatar a los axolotes en su hábitat. Lo primero generará empleos de mala calidad y el deterioro de la última zona de humedal que tenía este valle, mientras que lo segundo asegurará que nuestra cultura y ecología sigan estando presentes.
En algo se parecen los delfines y los axolotes: a pesar de los humanos su cara presenta una eterna sonrisa. Quizá ambos ven que es hora de dejar el siglo XVIII atrás, en donde la mejor naturaleza era la encerrada y pasar a un modelo siglo XXI, en donde la naturaleza de la Ciudad de México es nuestra aliada para generar desarrollo.

Monday, March 12, 2012

Los animales del DF

El título no se refiere a aquellos animales que tapizaron las calles de la Ciudad de México con sus rostros y slogans, queriéndose mostrar como pavorreales en cortejo.

Tampoco se refiere a los dueños de las constructoras que se comportan como hienas cuando ven un pedazo de tierra que pueden destruir sin importarles las vidas de otros.

Ni a los que trabajan en las oficinas del Ayuntamiento de la Ciudad de México, que en esto de los derechos humanos tienen la sensibilidad de un gorila defendiendo su territorio.

Ofreciendo una disculpa a los pavorreales, hienas y gorilas quiero aclarar que esta publicación se refiere a los animales que sí vale la pena conocer y conservar, y que también viven en la Ciudad de México.



Muchos de estos animales solo viven en el Valle de México; otros ocupan gran parte del territorio nacional, pero no viven en ningún otro país; otros vienen desde Canadá y Estados Unidos cada invierno a pasar una navidad calientita.


Por el simple hecho de que viven aquí todos son chilangos. 


Por eso, la iniciativa de Rubén Rojas Villaseñor que trabaja en La Comisión de Recursos Naturales del Gobierno del Distrito Federal (CORENA) es muy valiosa. Esta iniciativa busca mostrarnos a los humanos (los animales dominantes de esta ciudad) que hay otras especies con las que convivimos en este valle.

Mi único reclamo sería el que no ha incluido a los insectos, peces o crustáceos. ¿Dónde está el acocil o el charal amarillo?


Bajo el slogan de “Yo también soy chilango” en bellas fotografías el proyecto de Ruben nos enseña uno a uno a estos animales. Casi ninguno de estos viven en los jardines o en los resquicios que dejan las vialidades. Necesitan de áreas más grandes para vivir; como el área del Suelo de Conservación. 


Como rara vez vamos al suelo de conservación y a este lo vemos como un lugar para el “gotcha”, no sabemos que toda esta variedad de animales también habita el Valle de México. Por ello es fundamental este programa, que nos enseña que están aquí y nos invita a conocerlos. Del conocimiento nace el amor y nos hace más sensibles a conservarlos. 


Podríamos decir que estas especies son muy útiles para los humanos. Las serpientes y los búhos por ejemplo, depredan a muchos ratones, los colibríes polinizan las plantas, mientras que los pelícanos y las garzas nos ayudan a reducir la cantidad de carpas y tilapias en nuestros lagos. Pero no sólo por eso los tenemos que respetar. A la pregunta de para qué sirve el zacatuche, el axolote o el zorrillo la respuesta es que no sirven para nada que utilice el chilango moderno, pero no por eso tenemos derecho a dilapidar su hábitat y enviarlos a la extinción. 



Todos ellos son parte del Valle de México y estuvieron aquí antes de que nosotros llegáramos. El verlos sólo en la televisión o en un zoológico encerrados y estresados no refleja lo que son ellos. Puesto que una especie no se puede aislar de su medio, ellos existen sólo cuando están integrados al hábitat. 



Quizá nunca hemos visto alguno de ellos, aunque estén cerca de nuestro hogar. Si uno mantiene los ojos abiertos en la naturaleza es posible verlos en El Ajusco, Xochimilco, Tlalpan, en la Reserva del Pedregal en Ciudad Universitaria o La Marquesa. Para esto hay que despegar los ojos de la chela o la garnacha y comenzar a apreciar el entorno que fue uno a visitar. Es recomendable hacerlo antes de que este gobierno decida que el progreso (su visión de progreso) lo obliga a prescindir de estas áreas, pero que en su lugar construirá supervias, entubará ríos o acuarios para que veamos otros animales de otros lugares.



Nosotros nos enorgullecemos de ser capitalinos al pasar por Bellas Artes o el Templo Mayor. También nos asociamos a nuestro barrio y nos sabemos condesos, tepiteños, contrerenses, tlalpenses, azcapos, iztapalapos o coyoacanenses. Todo esto se debe a que somos cultural y socialmente capitalinos. Como chilangos no nos pueden separar de este valle, cuando eso sucede dejamos de ser un poco de nosotros. 



Pues todos ellos, los otros animales que habitan este valle, también son chilangos. Así que merecen vivir aquí en su entorno. el mismo que tenemos que cuidar porque cada día se va reduciendo.