Saturday, July 28, 2012

Las lluvias, la Ciudad de México y La Supervía

Artículo originalmente publicado en EL Universal el 10 de agosto del 2010. Ahora tiene modificaciones ajustadas al 2012.

Últimamente nos hemos inundado demasiado. De hecho, las lluvias se adelantaron y la época de secas (ese periodo intenso entre el fin del invierno con sus heladas y los inicios de lluvia a mediados de junio) fue muy corta. Es posible que esto se deba al cambio climático. Pero como dice el mismo Jefe de Gobierno los cambios de clima en el DF también se deben a la urbanización.



Lo que si está claro es que últimamente hemos tenido inundaciones donde antes no aparecían. Es por esto, que en época de lluvias, vemos al agua como el enemigo. Es una tradición, así lo hemos visto desde hace más de 200 años. Esto no pasó desapercibido por Alejandro de Humboldt, ese gran naturalista alemán que, en su visita a México, vio con sorpresa los destrozos ecológicos en la zona boscosa de la ciudad y anunció sus consecuencias. Estas consecuencias no son otra cosa que lo que estamos viviendo.

Al culpar a las lluvias de nuestra desgracia bajo el agua, se nos olvida que la Ciudad de México está en un ecosistema que necesita de las lluvias. Ese ecosistema es un lago. 


La Ciudad de México sobre un lago

Este lago reacciona en tiempos más largos que los sexenales y en áreas más amplias que las demarcaciones delegacionales. Por lo que es difícil entender que los problemas que le atribuimos a las lluvias, vengan en realidad de una mala planeación urbana.

Un ejemplo es el desarrollo de Santa Fe que fue promovido hace más de 20 años por el entonces regente Camacho Solís (su secretario de gobierno era Marcelo Ebrard y el presidente que los puso ahí era Carlos Salinas). Desde el inicio fue una mala idea. Los terrenos de la zona son blandos y empinados y el acceso es limitado. Pero el problema más importante es que, la urbanización de Santa Fe, reduce la infiltración en el acuífero en una de las zonas de la ciudad donde más llueve.

En la época de la colonia, de Santa Fe brotaba el agua de manantial tan pura que era la que llegaba a los virreyes en el centro de la ciudad. Ahora los edificios de Santa Fe necesitan de pipas para abastecerse del agua que en alguna época se infiltraba en donde ahora hay cimientos y calles.


Sta Fe donde antes había un manantial (foto Animal Político)

El acuífero de la ciudad está sobreexplotado. Extraemos el doble de agua de la que se infiltra. Esta sobreexplotación repercute en la escasez de agua y tenemos que importar 30% del agua que consumimos. Esa misma agua que viene contaminada con un alga llamada Geosmina y que las autoridades locales y federales se apresuraron a decir que no es tóxica, pero que algunos estudios sugieren que afecta al hígado.

La delegación que más sufre es Iztapalapa, donde, constantemente se quedan sin agua más de un millón de habitantes. La sobreexplotación también produce hundimientos en toda la ciudad. Chalco se hunde cerca de 40 centímetros por año y eso provocó las inundaciones de febrero del 2010 y en Tláhuac en el 2011. Así, el agua de lluvia que cae en Santa Fe se va al drenaje profundo, previa inundación en Chalco, en lugar de infiltrarse para beneficio de Iztapalapa. Y cada año que pase, van a existir más zonas de inundación (ver nota). Lo estamos viendo en estos días.

Inundación en Interlomas en el 2012

Puesto que el ecosistema lacustre es una compleja maquinaria con muchas piezas involucradas, Santa Fe no es la única causa de los problemas de agua en la ciudad. Pero el manejo del agua es crítico, por lo que evitar la urbanización en las pocas zonas que captan agua, debe ser una máxima en las políticas de la ciudad. Ajeno a esto, la visión sexenal del Gobierno de la Ciudad se enfoca a plantar unos cuantos árboles, pero permite la destrucción del suelo de conservación que cada día es menor. Este suelo que reduce los efectos de inundación y provee de agua a todos los demás.

La Supervía impuesta por el GDF en beneficio de las empresas Copri-OHL, encaja en esta visión sexenal. Desde hace más de 50 años, ciudades como Nueva York ya no construyen este tipo de vías porque su efecto positivo en el tráfico dura menos de un año, pero su efecto negativo en la ecología y la convivencia social, dura varias décadas. Por eso, ciudades como Boston y Seúl, no sólo ya no las construyen sino que las han demolido.

En particular, La Supervía promoverá la urbanización de áreas verdes fundamentales para la captación de agua. Ligados a La Supervía, están los planes de desarrollo de la “Biometrópolis” en un bosque cerca de la salida al Ajusco, y el “acuario más grande de Latinoamérica” en Xochimilco. Para este tipo de desarrollos, la Asamblea Legislativa acaba de cambiar la Ley de Desarrollo Urbano, que deja en indefensión tanto a la naturaleza como a los ciudadanos, de los voraces intereses de los desarrolladores y los líderes invasores. Cada día es más difícil distinguir a unos de otros (ver nota de Animal Político).

Todas estas construcciones se disfrazan de “verdes”. La Secretaría del Medio Ambiente se ufana de que estas construcciones cuenten con pozos de captación de agua para mitigar el efecto en el acuífero y con invernaderos que repondrán los árboles que van a destruir. Hace unos días el Jefe de Gobierno fue a plantar unos cuantos árboles en La Loma, muchos de ellos sobrevivirán lo que le queda a este sexenio, y morirán con él, por lo que no será problema de la actual administración, pero si de los capitalinos.

Viaducto inundado (foto La Jornada)
Además, estas mitigaciones pueden generar más problemas que soluciones. Por ejemplo, aun con filtros, los pozos de infiltración son el paso directo de agua contaminada al manto freático. La reforestación con plantas de invernadero producirán bosques con poca variabilidad genética y desplazarán a las plantas nativas sobrevivientes, reduciendo aún más la biodiversidad de la ciudad.

Puesto que este lago reacciona globalmente a efectos locales, ninguna medida de mitigación en estas zonas de captación será suficiente. Ninguna ganancia económica podrá compensar los graves problemas de agua y de clima que se generarán en años futuros a los 20 millones de habitantes de esta ciudad. Esto empeorará con el cambio climático que produce lluvias más intensas, y sequías más prolongadas.

Inundación en el 2012 (foto Milenio)

Si queremos que nuestros hijos sigan viviendo aquí, los capitalinos tenemos que defender a la naturaleza de políticos con visión sexenal, aliados con constructoras con ninguna ética. Ellos nos señalan sólo un árbol, pero atrás están destruyendo todo el bosque.



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